viernes, 2 de noviembre de 2012

Dos años sin Andy


Fue el surfista más intrépido en algunas de las rompientes más peligrosas del mundo, a menudo metiéndose en el interior del tubo en picos tan peligrosos como Pipeline o Teahupoo. Pero también era lo suficientemente bueno en olas pequeñas para ganar cada prueba del Tour Mundial. No había otra persona que practicase un surf tan completo con Andy Irons, excepto Kelly Slater.
Se cumplen dos años de su muerte y este surfista que creció en Hanalei, Kauai, una ciudad del norte poblada por locales y personas que dirigían la industria del turismo del lugar, dejó una corta pero atractiva historia personal.
El destino de Andy Irons estaría marcado antes de nacer con la decisión de su padre, Phil, carpintero y surfista, de mudarse de California a Hawai en 1970.
Ocho años más tarde, el 24 de julio nacía Andy, quien antes de caminar ya tenía una tabla en sus manos y pasó parte de su infancia compitiendo con sus amigos y primos por correr las mejores olas de la isla.
Tanto él como su hermano menor Bruce consiguieron ser profesionales, pero fue Andy quien estalló en 1996, ganando el HIC Pipeline Pro, en las inmediaciones de Oahu, a los 17 años. Unos meses más tarde, todavía siendo relativamente desconocido, Irons mostró que no fue un golpe de suerte aquel campeonato al ganar otro evento, esta vez en Teahupoo.
En 1998, coincidiendo con el momento en que se unió a la élite de la ASP World Tour que lo tenía mucho tiempo de inactividad y que Irons invirtió en divertirse, desarrolló una reputación por su comportamiento salvaje fuera del agua. Terminó 34º en la temporada de 1999 y consiguió (casi no lo logra), estar otro año más en la máxima categoría.
Andy tenía obviamente un gran talento, y con los años se ganó un público fiel gracias a su estilo de ir a por la ola más grande.
Fuera de la gira de la ASP, Irons andaba con la Wolf Pack, un temible grupo de surfistas de Kauai que defendían el localismo a menudo con sus puños. "En aquel entonces, Andy no tenía límite", dice Chris Mauro, ex editor de Surfer. "Tenía su banda."
En el Tour del 2001, Irons había firmado un acuerdo de patrocinio con la compañía australiana Billabong por 650.000 dólares al año. Lejos de madurar, alcanzó la categoría de antihéroe, y muchos fans lo querían por ello. "Andy hablaba alto y en tu cara", dice el ex WCT Shea Lopez, un amigo cercano. "Era la estrella de rock del surf".
En 2002, cuando Kelly Slater volvió a la competición después de un paréntesis de tres años, se suponía que iba a perder su corona. Ni mucho menos. Irons venció a Slater y consiguió el título mundial ese año. Lo hizo de nuevo en 2003 y 2004. "Andy Irons fue el único rival digno del mejor surfista que alguna vez haya puesto un pie sobre una tabla", dijo Warshaw.
Hasta el 2007 ningún surfista que no que fuera Irons o Slater pudo ganar el WCT. El mundo del surf se había dividido: eras de Slater, una vida limpia, un modelo de vida que competia con un traje blanco, o eras de Irons, el advenedizo arrogante que vestía de negro y le gustaba decir palabrotas.
"Andy lo pasaba mal", dice John Irons, tío de Andy. "Él lo llamó el circo”. A donde quiera que fuera, la gente lo acosaba. Todo el mundo quería algo de él."
A finales de 2007, Irons estaba fuera de la carrera por el título mundial, que concluía en diciembre, y los rumores de su abuso de sustancias se arremolinaban dentro de la industria del surf y en los foros de debate en Internet.
En noviembre de 2007, Irons y su novia, Lyndie Dupuis, se casaron en Kauai. Por aquel entonces, algunos editores de revistas de surf sabían que Andy había estado en rehabilitación y que lo quería confesar públicamente. Finalmente, nunca lo hizo.
Kelly Slater recuerda una conversación con Irons en 2007. "Hace un par de años, él se replanteó muchas cosas en su vida", dijo Slater. "Tuvimos una charla muy profunda. Habló de lo emocionado que era sentir todas las cosas, sentir sus emociones y comprenderlas. Para él, era una nueva oportunidad en su vida."
Pero esa mejoría en 2007, no duró mucho. Su comportamiento errático regresó en septiembre de 2008, cuando desapareció durante la prueba de Francia. Surfeó bastante mal en su manga y luego no se presentó en la siguiente. Terminó el año en 13ª posición, pero decidió no competir en 2009. "Animamos a Andy a que se tomase un año sabático", dice Naudé, "porque había perdido el deseo de estar en la gira."
Los últimos días de Irons todavía son un misterio pero es posible reconstruir los principales acontecimientos. Llegó a Puerto Rico en la noche del 27 de octubre, pero cuando debía presentarse en el agua tres días más tarde de su arribo, él no apareció. Después de que Irons se ausentara, sus compañeros y los medios de comunicación de inmediato comenzaron a sospechar. "Habíamos escuchado que estaba enfermo de gripe, del estómago, fiebre, o algo así. Nadie sabía qué creer", dice Jake Howard, de ESPN.
Debido a que la primera ronda no es eliminatoria, estaba programado que Irons surfeara al día siguiente, 31 de octubre. Una vez más no se presentó, y esta vez llamó al gerente de la World Tour, Renato Hickel, para retirarse formalmente.
Irons se quejó de síntomas parecidos a la gripe y, como Hickel declaró al Honolulu Star-Advertiser, "dijo que prefería que lo fuera a visitar un médico porque estaba enfermo."
Andy fue visto por un médico en su apartamento alquilado en Isabela, a cinco minutos lugar del campeonato. No está claro de qué fue tratado, pero se sabe que la gripe había estado rondando entre los surfistas. Irons fue llevado al aeropuerto en la noche del domingo, donde iba a comenzar su largo viaje de regreso a Hawai.
Era Halloween, y Andy hacía escala en Miami durante la noche. De acuerdo con el relato de una persona con la que se puso en contacto esa misma noche por teléfono, salió del aeropuerto y se dirigió a South Beach. Irons dijo que estaba "en la novena y la Mar", tenía una "mochila y una cartera llena de dinero," y quería pasar un buen rato. Tenía amigos allí y se fue a una fiesta.
Ya para ese momento, Irons se encontraba muy enfermo. En los días inmediatamente posteriores a su muerte, se informó de que, en Dallas, había tratado de abordar su vuelo de conexión a Honolulu a las 11:30 de la mañana, pero fue rechazado en la puerta de embarque de
América Airlines, algo que la empresa niega.
"American Airlines no negó el vuelo ni rechazó de alguna forma al señor Irons", dice el portavoz de la aerolínea Tim Smith. Declara que una mujer de la familia, que se identificó como la esposa de Irons, le llamó dos horas antes del vuelo, dijo que estaba enfermo, y canceló su billete y le reservaron otra plaza para el mismo vuelo al día siguiente.
Con estos traspiés, el vuelo a Dallas llegó a las 8:35 AM del lunes, 1 de noviembre.
El hotel en que se hospedaría, Grand Hyatt DFW, se encuentra en el interior de la Terminal D, por lo que pudo realizar el check in a las 08:47. Abrió la puerta de la habitación 324 a las 8:59, comió un bote de mantequilla de cacahuete, bebió una botella de Evian, y un par de refrescos. Nunca volvió a abrir la puerta de nuevo.
A la mañana siguiente, Isaac Ambriz, un empleado de seguridad del hotel, fue informado por el operador del hotel que Irons no estaba respondiendo a sus llamadas de despertador. A las 9:43, Ambriz llegó a la habitación.
"Entré en la habitación y noté que Irons estaba en la cama. Le llamé por su nombre y golpee en la pared varias veces más" pero no obtuvo respuesta del surfista, dijo en una declaración a la policía. A las 9:47, Ambriz llamó a su supervisor, Crystal Montero. Los dos entraron en la habitación, y Montero, "fue a la parte derecha de la cama y encendió la lámpara de la cama. En ese momento, me di cuenta de Irons no estaba respirando."
A pesar de la historia de abuso de las drogas y los informes de la enfermedad, uno sólo puede especular acerca de lo que lo mató, y puede ser que una trágica combinación de, por ejemplo, el dengue y los medicamentos recetados. Irons estuvo deambulando entre diferentes zonas horarias, sin dormir, había bebido en Miami y, al menos según su esposa, estaba enfermo en el vuelo de vuelta a Dallas.
No importa lo que diga la oficina del médico forense, la vida Irons no puede ser definida porun informe de toxicología. En cambio, cuando su hijo quiera saber quién era su padre le contarán que fue de un hombre complejo que vivió duro y rápido, que disfrutó mucho con su papel en el surf, pero odiaba la fama que la acompañaba, y que luchó con fuerza para superar los problemas de los que nunca fue capaz de hablar.
En una vida marcada por la agitación, jugando con las olas Andy Irons  dijo una vez: “surfear es lo más cercano que puede sentirse al ser besado por Dios.”

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